jueves, 18 de febrero de 2016

CONDUCCIÓN DE GALEOTES (1661)




Peliaguda y triste tarea fue la arrostrada por un tal Alonso de Hervás en 1661. Se comprometió con el corregidor de Jaén a “la conducción desta ciudad a la de Granada de seis galeotes y quatro soldados de presidio y dos presos por una muerte”. Estaban los condenados en la Cárcel Real de Jaén. A los culpados de la muerte, tras dos jornadas de viaje, los dejaría, a buen recaudo en la Cárcel Real de Granada, entregados a su alcaide. A los condenados a galeras y a los presidios de África los conduciría hasta Málaga. Todos irían "con la custodia, guardas y prisiones necesarias para su seguridad”*. La paga que recibiría Hervás, tras haberse rematado en subasta pública, era de 900 reales sin contar 635 reales librados para gastos de manutención, posada, camisas y alpargatas. Era viaje arriesgado pues los conducidos a galeras harían todo lo que estuviese en su mano para fugarse, y poner tierra de por medio, antes de ingresar en ese infierno en vida que eran el banco y el remo.
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* Archivo Histórico Provincial de Jaén, ante el escribano Ramos de Ulloa, legajo 1.706, folio 59  1661. Ilustración: BNE, CC.

lunes, 15 de febrero de 2016

BANDIDOS FUSILADOS EN EL CASTILLO DE SANTA CATALINA (1833)



El 24 de septiembre de 1833, relata el Boletín Oficial de Jaén, fueron pasados por las armas, en el Castillo de Santa Catalina de Jaén, Antonio Maldonado y Felix Barranco La Chota, vecinos de Dalías, Pedro Ruiz La Negrita, vecino de Benamocarra. Eran autores de varios robos con homicidio, estupros y violaciones. Entre sus maldades destaca la amenaza que hicieron a un pobre viajero de freírle la asadura y, para ello, prepararon una sartén que pusieron al fuego. Capaces eran, desde luego, de tal infamia. Los tres habían estado en distintas prisiones. El día 19 de de dicho mes se amotinaron  e intentaron asesinar al oficial que los custodiaba con el fin de darse a la fuga. Este hecho precipitó su ejecución que fue presenciada, además, por Juan Benítez, Juan Manuel Berdún y José Montilla implicados en dicho motín. Fueron procesados y condenados por la Justicia militar.

jueves, 11 de febrero de 2016

MAESTROS PARA MANCHA REAL (1816)

En el Diario de Avisos de Madrid, del doce de noviembre de 1816, se informaba de la existencia de una vacante de maestro de primeras letras en Mancha Real. El puesto contaba con una dotación de 260 ducados anuales "y lo que estipule con los padres de los niños pudientes". Sin ser un sueldo muy alto, suponía más del doble de lo percibido por un jornalero del campo durante nueve meses de trabajo continuo, sin contar lo aportado por los alumnos de pago. Se advertía que "el que quiera hacer pretensión a dicho magisterio ha de estar aprobado por el Consejo  [de Castilla]" y se indicaba que todo aspirante podía presentar "su memorial al ayuntamiento de dicha villa, o a su apoderado en esta Corte D. Luis Bartolomé Calvo" que, por cierto, vivía en la calle del Pez, número 3, cuarto principal*.
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*Bueno es saber que al currículum se le llamaba memorial.

sábado, 6 de febrero de 2016

DOS CABALLOS DE LOS CONDES DE LAS ALMENAS



El primero, que aparece en la ilustración, perteneció a don José María de Palacio, conde de las Almenas. Se llamaba Castellano era de raza andaluza, tordo y con "once dedos sobre la marca". Lo destinaron a las caballerizas reales para su uso como montura y tiro. Esta condición de caballo palaciego y de casa grande le costó ser subastado cuando llegó la I República. Otro caballo memorable fue Impresor, adquirido por don Francisco Javier de Palacio, también conde de las Almenas e hijo del anterior. La caballería tenía seis años, procedía de la ganadería de los Guerrero, de Jerez, y medía doce dedos de altura. Ganó dos menciones honoríficas, en 1880 y 1881, en exposiciones de ganados en Sevilla además del premio extraordinario en la celebrada en Madrid, también en 1881. Don Francisco Javier de Palacio, muy preocupado por los asuntos agropecuarios, pensaba emplear al caballo como semental. Por las alabanzas que le prodigó la prensa especialiada, debió de ser un ejemplar de categoría y valor.


martes, 2 de febrero de 2016

LOS HIJOS DEL CONDE DE VILLARDOMPARDO

Don Fernando de Torres y Portugal, I conde de Villardompardo, fue un aristócrata giennense que llegó a mucho, nada menos que a virrey del Perú. Vivió en los tiempos de Felipe II y tuvo muchos hijos, unas dos decenas. Hubo, entre ellos, soldados que estuvieron en Lepanto, Flandes y en la jornada de la Isla Tercera y alguno que participó en hechos de armas contra los corsarios ingleses. Sirvieron bien a su Rey y al buen nombre de su Casa. El Conde tuvo, además, un hijo franciscano y otro jesuita.  Son un buen ejemplo de las elites españolas de aquellos siglos en los que la Monarquía católica regía dos mundos. Sobre estos personajes, ya olvidados, escribí hace unos años una entrada en Retablo de la Vida Antigua. http://retablodelavidaantigua.blogspot.com.es/2010/11/aristocratas.html

domingo, 31 de enero de 2016

PAVOS ENVENENADOS EN OTIÑAR (1884)


El último domingo de junio del año 1884 en Otiñar (Jaén) perecieron envenenados veintiseis pavos y un gallo. Los vecinos, que no estaban los tiempos para remilgos, se distribuyeron las aves y en una casa decidieron preparar un guisado de pavo. No era mal condumio en aquellos tiempos de poca abundancia. Un pavo, a seis meses de las Pascuas, era un plato difícil de rechazar. El júbilo, sin embargo, se trocó en espanto cuando una mujer comenzó a sentir síntomas de envenenamiento tras tan abundante almuerzo. Pensaban que se moría y los vecinos se daban golpes de pecho. "Se ha logrado evitar una gran catástrofe", informaba El Globo del cuatro de julio de dicho año. No dicen los periódicos que acabase el asunto en males mayores y parece que, afortunadamente, todo quedó en nada. La muerte de las aves debió de ser accidental al ingerir éstas algún tipo de veneno de los que se utilizaban en aquellos tiempos para matar zorros, hurones y otras especies.
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*El pavo de la fotografía, aunque antiguo, no es de los de Otiñar sino de otros pagos.

miércoles, 27 de enero de 2016

LOS NEGOCIOS DEL ERMITAÑO DE NUESTRA DE LINAREJOS

Hace unos años escribí sobre un ermitaño del santuario de Nuestra Señora de Linarejos, situado en Linares, provincia de Jaén*. Se llamaba Pedro Luque Butrón, era natural de Estepa, Reino de Sevilla, e hijo de Bartolomé Luque Butrón y de María Calderón. Vivió en la segunda mitad del siglo XVII y durante los primeros años del XVIII. En 1709 testó ante el correspondiente escribano y dijo, con ejemplar conformidad, estar postrado "en cama de la enfermedad que Dios Nuestro Señor me ha servido me dar". Decía ser mozo -que era el nombre que se daba a los solteros- de más de sesenta años. Reconocía haber recibido, en su enfermedad, los cuidados de una terciaria franciscana llamada Damiana Laguna. Además de las habituales mandas piadosas, propias de los testamentos de la época, el ermitaño daba cuenta y razón de ciertas actividades no muy adecuadas para la vida eremítica. Pedro Luque no sólo rezaba, tañía campanas, barría y mantenía, con presumible decoro y cuidado, la ermita sino que también prestaba dinero.

En su testamento incluyó una nutrida nómina de deudores. En general se trataba de sumas modestas y medianas; desde los 15 reales de a ocho a los 500 reales de vellón, cantidad que le adeudaba don Juan Pessoa, probablemente de ascendencia portuguesa y judeoconversa, relacionado con el tráfico de plomo y la fabricación de alcohol, muy propio del Linares de aquellos años. La mayoría de los préstamos se limitaba a pequeñas transacciones realizadas con trajinantes y arrieros. Es seguro que cobraba algún interés a cambio aunque lo normal en la época era encubrir la operación como una acción desinteresada y ajena a cualquier intención lucrativa. El préstamo con interés se consideraba logro o usura, una práctica perseguida, mal vista y, además, condenada por la Iglesia. 

El ermitaño se manejaba muy bien con la gran variedad de monedas en circulación -vellón de distintas calidades, maravedíes, reales, ducados y escudos- muestra del desbarajuste monetario de la época. Aunque a una escala modesta, el santero de Linarejos contribuía a la economía local facilitando liquidez a los que carecían de ésta. No había sistema financiero ni bancos, ni otro recurso que recurrir a pequeños prestamistas para salir de apuros. Las garantías de devolución, muy precarias, se compensaban con intereses muy altos. Pedro Luque complementaba sus finanzas con unas discretas inversiones. En su testamento menciona una partida de 3.078 reales de vellón confiada a un vecino de Linares llamado Andrés Mosquera Tenorio, hombre de apellidos influyentes en la comarca.

El ermitaño quizás tenía sus escrúpulos de conciencia pues, como decíamos, tanto negocio no era ocupación muy acorde con su ministerio. Es posible que pretendiese restituir ganancias de dudosa licitud cuando decidió declarar "por mi única y universal heredera" a Nuestra Señora de Linarejos. Los bienes del testador se emplearían, tras su muerte, en el mantenimiento del santuario y obras piadosas. Si esto no era posible, mandó que su patrimonio pasase a disposición de los franciscanos del convento de San Francisco de Linares. A su manera, Pedro Luque -ermitaño y natural de Estepa- desmentía lo afirmado por Max Weber. Nadie podrá decir que, al menos en este caso, el catolicismo fue incompatible con el capitalismo.
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ALONSO DE VALENZUELA

Alonso de Valenzuela fue un cofrade de la Santa Capilla que vivió entre finales del siglo XVI y el primer tercio del XVII. Casó dos veces, l...