En un censo de 1802, cuando reinaba en España y en las Indias el rey Carlos IV, al que Dios haya perdonado, aparece en la calle Reventón, de tan trabajoso acceso como su nombre indica, un vecino cuyo oficio era el de “maestro de aguas turbias”. Supongo que sería experto en pozos negros, letrinas y madres comunes. Eran sus vecinos, además, un yegüero, un albañil, un arriero y cinco jornaleros. El documento se conserva en el Archivo Municipal de Jaén.
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¡Magnífico post Señor Aponte!, me ha recordado a las aguas negras del Cedrón, no ha cambiado la vida solo las vestimentas, y al mismo tiempo me ha venido a la mente el cuadro La Fragua de Vulcano. Un saludo cordial.
ResponderEliminarMuchas gracias.
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