En 1641 compareció ante Diego García de Monreal, escribano del número de Jaén, el capitán Santiago García, natural de Espinosa de los Monteros "y dijo estar enfermo que de una desgracia de aberse disparado una pistola con tres balas por don Antonio Messía Toledo, vecino de la villa de Martos que era cabo de la compañía de a caballo de la nobleça deste Reino". Es posible que se trate de la compañía que, al mando de don Alonso Vélez Anaya y Mendoza, se disponía a marchar a Cataluña, donde la Monarquía combatía contra franceses y secesionistas. El maltrecho capitán García, con sus tres balazos, perdonó y eximió de cualquier responsabilidad al autor de las heridas. En muchos casos, en las escrituras de perdón se daban versiones de los hechos debidamente mixtificadas para facilitar una compensación económica a favor de la víctima o de los familiares de ésta. No parece éste el caso, dada la condición castrense y aristocrática de las dos partes, y habría que pensar que, en efecto, la causa de las heridas fue accidental. Otra cosa habría sido si la víctima hubiese sido de menos empaque social. Volveremos sobre estas cuestiones.
jueves, 28 de abril de 2016
LAS CARGA EL DIABLO (1641)
En 1641 compareció ante Diego García de Monreal, escribano del número de Jaén, el capitán Santiago García, natural de Espinosa de los Monteros "y dijo estar enfermo que de una desgracia de aberse disparado una pistola con tres balas por don Antonio Messía Toledo, vecino de la villa de Martos que era cabo de la compañía de a caballo de la nobleça deste Reino". Es posible que se trate de la compañía que, al mando de don Alonso Vélez Anaya y Mendoza, se disponía a marchar a Cataluña, donde la Monarquía combatía contra franceses y secesionistas. El maltrecho capitán García, con sus tres balazos, perdonó y eximió de cualquier responsabilidad al autor de las heridas. En muchos casos, en las escrituras de perdón se daban versiones de los hechos debidamente mixtificadas para facilitar una compensación económica a favor de la víctima o de los familiares de ésta. No parece éste el caso, dada la condición castrense y aristocrática de las dos partes, y habría que pensar que, en efecto, la causa de las heridas fue accidental. Otra cosa habría sido si la víctima hubiese sido de menos empaque social. Volveremos sobre estas cuestiones.
miércoles, 20 de abril de 2016
LAS CREDENCIALES DEL SANGRADOR (1730)
La asistencia sanitaria en la España del Antiguo Régimen era insuficiente y precaria. En la mayoría de los casos los españoles se ponían en manos de cirujanos, sangradores y barberos, cuando no de saludadores que santiguaban a los pobres pacientes. El cura de Cedeira en 1798, según recoge don Antonio Domínguez Ortiz, denunciaba que "se hallan por estas aldeas bárbaros sangradores, bárbaros y rústicos, que en vez de curar matan a cuanto pobre enfermo se pone en sus manos". No sé si era el caso de un individuo llamado Cristóbal Alejandro que, el 13 de mayo de 1730, presentó ante el Cabildo municipal de Jaén un título de sangrador . Al no existir fotografías en esos tiempos, el titular era identificado en el documento con algunos de sus rasgos: "es un hombre de mediana estatura con una zicatriz pequeña por cima y en medio de la zeja izquierda y otra en la primera coiuntura del dedo medio de la mano izquierda, parte de afuera." A diferencia de los médicos, los cirujanos, sangradores y boticarios no pasaban por las aulas universitarias aunque debían acreditarse y superar unos exámenes ante El Real Protomedicato y Protobarberato. En sus papeles, Cristóbal Alejandro afirmaba haber practicado "el arte de sangrador flobotoniano con maestros aprobados los quatro años que Su Magestad manda" y fue examinado "en la teoría de dicho arte cerca del conocimiento de las venas quantas quales son y en qué lugares se reporten y de los nombres de ellas y en el modo de sangrar, sajar, echar ventosas, sanguijuelas, sacar dientes y muelas". Ante las cuestiones que se le plantearon, hizo constar el escribano del Cabildo que las "respondió bien y cumplidamente".
miércoles, 13 de abril de 2016
FUGA DE UN CONDENADO A GALERAS (1718)
En 1718, entre finales de octubre e inicios de noviembre, estuvo en la cárcel real de Baños de la Encina, Reino de Jaén, Pedro de la Plaza, escribano y vecino de El Viso del Marqués. Explicó la causa a otro escribano:
"con el motibo [decía] de haver venido el susodicho en la asistencia de Francisco Vintel del Río, rematado a ocho años de galeras por la Justicia de la ziudad de Cuenca, por cuando en virtud de Real Provisión de Su Magestad y señores de la Real Chancillería de Granada, se remitía por tránsitos a la cárcel y caxa de la ciudad de Málaga".
El mencionado Vintel del Río, llegó a Baños con el correspondiente acompañamiento de guardas y, en cuanto tuvo ocasión se escapó y se acogió a sagrado en la parroquia de la villa. No era para menos. El panorama de pasar ocho años remando y encadenado-el infierno en vida- agudizaba la audacia y el ingenio. De Baños de la Encina a Málaga hay muchas leguas pero, si había que fugarse, cuanto antes mejor. Hasta que se aclaró todo, guardas y escribano, fueron a parar a los calabozos. Desconozco si el fugado consiguió librarse del remo y del banco.
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(Archivo Histórico Provincial de Jaén, leg. 6.182, fols. 465 y 469)
miércoles, 6 de abril de 2016
LOS BIENES DE LAS ÁNIMAS (1822)
En otras ocasiones he escrito sobre la devoción a las Ánimas, tan popular y relevante en la tradición católica y de orígenes antiquísimos. La actividad de las cofradías de Ánimas dedicadas a rezar y a redimir almas en pena fue general en la España de pasados siglos. Estas sociedades piadosas se mantenían, con desigual desahogo, Con limosnas, recogidas por los cofrades con abnegada puntualidad, y con las rentas de las fincas legadas por los fieles en sus testamentos, además de otras mandas piadosas. El caso de la cofradía de Ánimas de Vilches es bien conocido por el autor de estas líneas y estudié su pasado con documentación del archivo de la parroquia de San Miguel de dicha villa, en apacibles horas de silencio que recuerdo no sin reverencia.
En las siguientes líneas menciono los bienes raíces de la cofradía de Ánimas ubicada en la iglesia de San Ildefonso de Jaén en 1822. En dicho templo se conserva un imponente retablo dedicado a las ánimas del Purgatorio sobre el que ya trató don Rafael Ortega y Sagrista. Es de mediados del XVIII pero nadie busque resabios ilustrados en sus atormentadas imágenes. Es pura religiosidad barroca. Dejemos, sin embargo, para mejor ocasión esta meritoria obra de arte y centrémonos en los bienes de la mencionada cofradía. Al igual que en el caso de los Trinitarios Calzados, eran fincas que iban a ser desamortizadas. Comencemos por conocer las casas de la cofradía, situadas en calles muy honradas de la colación de San Ildefonso:
Una casa en la calle Tosquilla, tasada en 6.173 reales con una renta anual estimada en 246 reales.
Una casa en la calle de las Bernardas, tasada en 7.339 reales, rentaba anualmente 293 reales.
Una casa en la calle de las Bernardas, valorada en 3.983 reales, con una renta anual estimada en 159 reales.
Una casa en la calle de Olid, tasada en 2.470 reales que rentaba 98 reales cada año.
No dejaba de tener, en verdad, cierta importancia la posibilidad de vivir en una casa cuyo alquiler, imagino que puntualmente pagado, estaba destinado a sufragar misas por las almas en pena. Era de esperar que los morosos e inquilinos informales durmiesen con todo desasosiego esperando reproches, lamentos nocturnos y aterradoras apariciones de unas ánimas convertidas en acreedoras y condenadas a pasar muchos años más en el Purgatorio por falta de sufragios. Esto sin contar las seguras aprensiones de los más curtidos liberales y de los compradores de tales bienes. Era cosa seria lo de jugar y especular con los bienes de las almas en pena.
Respecto a las propiedades rústicas puedo decir que se limitaban a un olivar en Molinillo Alto, en la jurisdicción de Jaén, de una fanega y de tercera categoría, que estaba valorado en 1.260 reales y rentaba 38 reales. A esta finca se unía una haza en Las Paradejas, de tres fanegas y cuatro celemines, cuyo valor estimado era de 500 reales y rentaba sólo 15 reales al año. Las casas constituían los bienes más rentables y de mayor valor. La Cofradía obtenía cada año 796 reales procedentes de sus arrendamientos. Las rentas del campo sólo ascendían a 53 reales anuales.
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*La relación de bienes inmuebles en Crédito Público, 16-9-1822. La fotografía en el artículo de don Rafael Ortega y Sagrista que se enlaza en la entrada.
miércoles, 30 de marzo de 2016
MALOS VINOS (1700)
No todo lo que se comía y bebía en tiempos pasados era natural y sano. En abril de 1700, el corregidor de Jaén, don Eugenio de Miranda y Gamboa, del Consejo de Hacienda y gentilhombre de Boca de Su Majestad, informó al Cabildo municipal de Jaén que había inspeccionado las tabernas, acompañado del escribano mayor, "aviendo llegado a su noticia las quejas del público de los malos binos que se benden en las tabernas del vino generoso, del privilegio que goza la ziudad, porque los harrieros que los probeen para utilizarse, deviendo ser añejos y de buena calidad, los traen nuebos y adulterados". Por fuerza la llegada del Corregidor -peluca, espadín y casaca- tuvo que causar alarma y cierta estupefacción entre los taberneros y sus distinguidas parroquias. Don Eugenio, tras su visita, pudo constatar el fraude generalizado en la calidad de los vinos, en perjuicio de la Real Hacienda y de la salud del vecindario por las "graves enfermedades que pueden causar los vinos nuebos del año". Éstos eran objeto de adulteraciones, mixturas sospechosas y se deterioraban con facilidad. Además, el Corregidor denunciaba el fraude continuo a la Real Hacienda que los "metedores" o contrabandistas ocasionaban, vendiendo vino de manera clandestina sin pagar impuestos y en perjuicio de los taberneros que arrendaban sus puestos. Esta desvergüenza, dada su condición de consejero de Hacienda le tenía que indignar especialmente. Hay que indicar que el número de establecimientos con licencia para vender vino añejo era limitado y controlado por el Ayuntamiento. Con la voluntad de que el público consumiese "los mejores géneros" enviaron a Juan de Uceda "criado de confianza de la Ziudad que pasase a la tierra baja y trajera una cantidad de vino jeneroso el qual se embodegare en esta ziudad y se proveyesen las tavernas para que el público esté abastecido con puntualidad". El intervencionismo municipal se reforzó también en este ramo. Por cierto, pensamos que Juan de Uceda debía de ser hombre dispuesto, conocedor de la calidad de los caldos a adquirir y buen negociador.
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Archivo Municipal de Jaén, Actas capitulares, cabildo de 5-4-1700.
lunes, 21 de marzo de 2016
DON ALONSO VÉLEZ ANAYA Y LAS FUENTES
| Fuente del Palacio Vélez Anaya |
Don Alonso Vélez Anaya y Mendoza fue uno de los caballeros veinticuatro más influyentes en el gobierno municipal de Jaén durante los reinados de Felipe III y Felipe IV. A lo largo de toda su trayectoria destacó por su independencia de criterio y su valentía, siempre en defensa de las libertades y derechos municipales. Esta actitud no le impidió ser muy crítico con los abusos e irregularidades que todo grupo de poder tiende, por la naturaleza de las cosas, a cometer. Uno de estos excesos se relacionaba con las concesiones de agua a favor de ciertos particulares, beneficiados por un trato de favor, en perjuicio de los intereses del vecindario. En esos tiempos un pilarillo en un patio alegraba más la vida que los más lujosos estrados. Él mismo, don Alonso, debía de saberlo pues en su palacio, cercano a la Catedral, tenía una fuente bien elegante. El nueve de febrero de 1618, don Alonso denunció ante el Cabildo "los grandes excesos que hacían [el resto de los regidores] en conceder y dar fuentes particulares a los vezinos desta ciudad de las dos fuentes públicas de la Magdalena y Santa María". Recordaba el caballero "los señores reyes cometieron la reformación y castigo dello más tiempo a de cien años al bachiller Juan de Burgos, el qual bino a esta ciudad". El rigor del Bachiller queda de manifiesto cuando recordaba don Alonso que remedió el abuso "abiendo fecho grandes aberiguaciones de las fuentes antiguas". Creo yo que pediría papeles y probanzas para verificar El derecho de cada cual en los aprovechamientos de los raudales. La palabra reformación era muy del gusto de los tratadistas y arbitristas de la época que no dejaban de tener cierta afinidad con don Alonso Vélez.
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* El texto en Archivo Municipal de Jaén, Actas Capitulares de 1618, cabildo correspondiente al 9 de febrero. La fotografía -incluida en mi libro Reforma, decadencia y absolutismo, Jaen a inicios del reinado de Felipe IV, (Jaén, 1998)- es de la fuente del Palacio Vélez Anaya.
miércoles, 16 de marzo de 2016
MEDIDAS DESAMORTIZADORAS Y TRINITARIOS CALZADOS (1822)
En 1822 los liberales aplicaron la legislación aprobada por las Cortes de Cádiz cuyo fin era desamortizar numerosos bienes inmuebles. A los incluidos en dichas disposiciones, durante el Trienio Constitucional añadieron los pertenecientes a los monasterios y al Santo Oficio. Según informes del conde de Toreno, se vendieron 25.500 fincas con una ganancias para el Estado que ascendieron a unos 1.500 millones de reales. Cuando Fernando VII restauró el absolutismo en 1823 estas ventas quedaron sin efecto, para desolación de los compradores, pero fueron recuperadas por éstos en 1835. El importe de lo obtenido en las subastas se emplearía en reducir el endeudamiento del Estado. Sólo podrían participar en estas transacciones los que tuviesen títulos de deuda pública.
Entre los bienes desamortizados estaban los pertenecientes al Convento de los Mercedarios Calzados. A finales del siglo XVIII esta orden contaba en el Reino de Jaén con cuatro casas y algo más de de medio centenar de religiosos. A continuación presento, debidamente enumerada, la relación de los bienes de su convento de Jaén. La lectura del nombre de los pagos y parajes del término, la naturaleza de los cultivos y de las heredades, nos permitirán, en alguna medida, reconstruir paisajes ya perdidos, conservados en algunos casos afortunados o, simplemente transformados por el tiempo. El criterio que voy a seguir es muy simple. Cito, en primer lugar, la ubicación de las fincas, sus características y extensión para, finalmente, indicar, su valor de tasación junto a la estimación de la renta anual que producían. Es conveniente indicar que si, en general, las propiedades subastadas se tasaron a un precio inferior al del mercado, era tal la demanda de tierras e inmuebles urbanos que los compradores llegaron a pagar hasta un 200 % más respecto al precio de salida en las subastas. La demanda de tierra y de casas era muy grande.
1. Puerto Alto, casería de 34 fanegas y nueve celemines, con casa de teja, 50 olivos mayores, 320 menores y diversos frutales. Tasada en 25.888 reales y con una renta anual de 850 reales.
2. Puerto Alto, olivar de 12 fanegas y tres celemines, con 246 matas de olivos mayores y 170 matas de olivos menores de varias clases. Tasado en 7.550 reales y con una renta anual de 526 reales cada año.
3. Puerto Alto, un pedazo de pinar de nueve fanegas y seis celemines. Tasado en 1.800 reales, con una renta anual de 54 reales.
4. Puerto Alto, otro pedazo de pinar de cuatro fanegas y seis celemines, con 25 matas de olivos mayores, valorado en 1.300 reales, renta estimada en 39 reales por año.
5. Torre de Juan Baños, huerta de una fanega y diez celemines con media docena de nogales, siete matas de albarillos, tres higueras, un peral y una casa choza. Fue tasada en 16.500 reales y rentaba anualmente 495 reales.
6. Virgen Blanca, una huerta de una fanega, con ocho higueras, 39 granados, cinco parrales de 120 pies, 60 cepas de viñedo. Valorada en 7.750 reales y con un rendimiento anual de 432 reales.
7. Lope Pérez, huerta, 8,5 celemines, cinco nogueras, un parral, varios frutales. Tasada en 6.750 reales, rentaba cada año 202 reales.
8. Vado de La Guardia, huerta de tres fanegas, con 20 perales y otros árboles, choza y vestigios de un molino harinero. Tasada en 20.500 reales, renta anual de 619 reales.
9. Guadualla, en La Guardia, una huerta de cinco celemines, tasada en 1.400 reales y rentaba por año 42 reales.
10. Molinillo, haza de una fanega y seis celemines, tasada en 2.800 reales y con una renta anual de 80 reales.
11. Virgen Blanca, haza de seis celemines, tasada en 2.500 reales y con un rendimiento anual de 75 reales.
12. Virgen Blanca, haza de dos fanegas con seis celemines, tasada en 2.350 reales, rentaba cada año 70 reales.
13. Salina de Arroyo de Valparaíso, haza de riego de una fanega, tasada en 2.000 reales, rentaba 60 reales por año.
14. Salina de Arroyo de Valparaíso, haza de secano de seis celemines, tasada en 400 reales y con una rendimiento anual de doce reales.
16. Pilar de la Dehesa, haza de riego de cinco fanegas y tres celemines, tasada en 1.980 reales, rentaba anualmente 89 reales.
17. El Valle, haza de riego de una fanega, valorada en 3.300 reales, se obtenía una renta anual de 99 reales,
18. Valdecañas, haza de riego de una fanega, tasada en 1.000 reales, con una renta anual de 80 reales.
19. La Cañada, dos hazas, de 3 fanegas y medio celemín respectivamente, de riego, valoradas en 11.800 reales, con una rendimiento anual de 354 reales.
20. La Cañada, haza de cinco celemines, de riego, valorada en 1.500 reales, rentaba cada año 45 reales.
21. El Valle, haza de riego, once celemines, tasada en 2.100 reales y una renta estimada en 63 reales por año.
por año.
22. Barranco Hondo, un pedazo de tierra de 235 fanegas y nueve celemines con fábrica de salina, casa, pozo y pila, tasada en 12.400 reales y con una renta anual de 372 reales.
23. La Corona, un pedazo de tierra con olivos, una fanega y seis celemines, tasada en 5.450 reales y 163 reales de renta anual.
24. Puerto Alto, haza de riego, dos fanegas y nueve celemines con 107 matas de olivo, tasada en 3.820 reales y renta anual de 114 reales.
25. Colindante con el convento de Trinitarios Calzados, huerta de siete celemines con 57 olivos, tasada en 3.892 reales. Rentaba cada año 160 reales.
Los fincas urbanas del convento eran las siguientes:
1. Una casa en la calle de la Santísima Trinidad, valorada en 22.560 reales con una renta anual de 900 reales.
2. Una casa en la calle de la Santísima Trinidad, valorada en 4.367 reales con un rendimiento anual de 174 reales.
3. Una casa en la calle de la Santíima Trinidad, valorada en 6.360 reales con una renta anual de 250 reales.
4. Una casa en la calle de la Concepción Vieja, valorada en 4.222 reales, rentaba 168 reales por año.
5. Una casa en la calle de la Concepción Vieja, valorada en 3.407 reales con una renta anual de 136 reales.
6. Una casa en la calle de la Concepción Vieja, valorada en 2.680 reales con un rendimiento anual de 107 reales.
7. Un portal por bajo del Arco de San Lorenzo, valorado en 2.100 reales, con 24 reales de renta anual.
8. Una casa en la calle de Santo Domingo, valorada en 3.500 reales con una rendimiento anual de 140 reales.
La superficie de las fincas, en total, era de unas doscientas hectáreas y la renta obtenida ascendía a 5.139 reales anuales. Eran, en general, propiedades pequeñas o medianas más o menos dispersas, procedentes, en buena parte, de donaciones y mandas piadosas. La renta anual de los inmuebles urbanos era, en términos relativos, notablemente superior. La casa de la calle de la Trinidad, valorada en 22.560 reales, era más rentable (900 reales por año) que la casería de Puerto Alto, tasada en 25.888 reales y con una renta anual de 850 reales. Ocho fincas urbanas suponían la cuarta parte de las rentas anuales derivadas de todos los bienes inmuebles del Convento.
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